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Entre Maestra y discípulos

El amor de Tim Qo Tu ganará. Parte 6 de 9.

2020-07-04
Idioma:English

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Antes de eso, fui a Halifax porque allí hay un hombre, se le congelaron los dedos. (Oh.) No tiene guantes. Y tuvo que ir al hospital y lo vendaron por todas partes, los pies también. Y escuché eso y me dio un vuelco el corazón. Así que le llevé algunas cosas.

Cuando fui a Halifax después de eso, tuvimos problemas. La nieve era tan mala que el avión regresó al aeropuerto. Y teníamos muchas mascotas allá y otras cosas. Así que no podía dejar solamente a un chico, solo en la casa. (Sí.) Y era nuevo. Él no sabía alimentar a los perros y cómo usar las ropas de perro abrigadas antes de salir a la nieve. La nieve era muy profunda. Tenía que regresar. De Halifax de vuelta a St. John. Así que el avión paró, no salió. Dijeron, “De acuerdo. Tenemos un hotel para todos ustedes, quédense aquí. Y mañana el tiempo estará bueno y los llevaremos de vuelta a casa”. Todos los pasajeros se quedaron excepto yo. Dije, “Tengo que irme”. Así que salí. No me devolvieron el dinero porque yo me fui voluntariamente. No fue culpa suya. Tampoco lo pedí. Dije, “Tengo que irme”. Y entonces me dijeron, “Pero Usted no recibirá nada”. Dije, “No importa. No se preocupen. Solo déjeme ir”. Y entonces dijeron, “Pero el tiempo es muy malo, no puede irse. No puede irse”. Antes de eso, fui a Halifax porque allí hay un hombre, se le congelaron los dedos. (Oh.) No tiene guantes. Y tuvo que ir al hospital y lo vendaron por todas partes, los pies también. Y escuché eso y me dio un vuelco el corazón. Así que le llevé algunas cosas. Originalmente, quise enviarlo por correo, pero nadie sabía dónde vivía. (Oh.) Nadie sabe porque es un desamparado. (Sí, Maestra.) Dije, “Entonces, tengo que ir a Halifax. Estoy segura que alguien debe saber”. Porque la TV hizo un reporte sobre eso. De modo que tenía que ir ahí y preguntar. Probablemente sabían algo o alguna organización benéfica por allí. Alguien debía saber de él.

 

Así que fui a Halifax en avión pero regresé en taxi. La taxista, ella fue la única que se atrevió a llevarme porque nadie quería ir con ese clima. (Oh.) Ni siquiera se podía ver el camino en frente. Pero yo dije que tenía que ir. Por mis mascotas. Y ella accedió. Dije, “Le pagaré el doble, el triple”. Y ella accedió a ir por el dinero. Dije, “Oh, gracias a Dios. Es muy bueno de su parte”. Entonces ella condujo tal vez medio kilómetro, unos cientos de metros, y entonces chocó y quedamos enterrados en una montaña de nueve. (Oh. Dios mío.) Y por fortuna, todos pudimos salir y cavamos, cavamos y cavamos, y luego salimos. Así que, le dije a mi asistente en ese momento, de Costa Rica, “Maneja tú. Ya no puedo confiar en esta mujer”. (Oh, muy peligroso.) Tal vez estaba muy cansada de manejar todo el día. A esa hora, se suponía que descansara y no manejara más. Pero por nosotros, ella sintió pena por nosotros, así que nos llevó. Además, le pagamos bien. Pero yo no pude ni pestañear porque tuve que manejar con él. (Sí, Maestra.) “A la izquierda. Derecha. Recto. ¡No, no, no! Despacio. Despacio. Ahora está bien, está bien. Ve, ve, sigue, sigue. Ve, pero lento, despacio, despacio”. Toda la noche. No sé cuántas horas desde St. John hasta Halifax. Ya era de noche incluso. (Sí, Maestra.) De noche. ¿Y qué hizo la taxista? Ella se sentó atrás, yo me senté al frente. (Guau.) Tenía que mirar, (Sí.) y mantenerlo despierto a él también. Teníamos que hablar y mantenerlo despierto. Canté, hablé, dirigí el tráfico. Solo a él, no había nadie en la carretera al menos. Gracias a Dios. Y se deslizó y patinó y viró bruscamente a la izquierda, derecha. Yo no debí haber hecho eso. Pero tuve confianza.

 

Pero antes de eso, tuvimos éxito en preguntarle a la gente y encontramos a ese desamparado y le dimos dinero. (Increíble.) Pero le dije a él, “No le diga a nadie. Es mejor para usted. Solo para usted. No le diga a la gente que tiene dinero, efectivo. Es peligroso”. No podía darle un cheque; ¿verdad? Así que le di, creo que miles de dólares en efectivo, y luego ropas y guantes y sombrero y gorros y calcetines y zapatos. (Guau.) Botas. Él no tiene hogar, pero alguien le dio un cuarto de depósito para vivir. Y la sociedad benéfica de una iglesia sabía eso. Así que, preguntando, preguntando, una persona le dijo a la otra y a otra y a otra, y aterrizamos ahí, y le pedimos a alguien que por favor llamara al padre de la iglesia y a su esposa. Ellos vinieron. Una pareja muy humilde. Ellos hacen caridad. Ayudan a los desamparados, por tanto sabían dónde estaba él. Ellos nos llevaron a ese depósito donde él vivía. No es una habitación en absoluto. Tenía un sofá roto, ellos se lo dieron. Es mejor que nada. Y alrededor de él había sillas y toda clase de muebles. Él solo tenía ese sofá y unos metros para ir al sanitario. Nada más. Unos metros pero zigzagueando. (Sí, Maestra.) Y un calentador o algo para cocinar. Es todo. Y él vivía ahí pero al menos estaba caliente. ¿Por qué tenía congelamiento? Porque él salió a buscar trabajo, un empleo. Trabajo por comida. Pero no tenía nada con qué cubrirse. Recuerdo que hacía menos 40 grados. (¡Oh!) Algunos días menos 30, pero otros días menos. Algunos días más de 40 bajo cero. Recuerdo algo así. Treinta es un día más cálido. Pero recuerdo que era menos 40 grados. Dije, “¡No puedo creer que la gente viva en semejante clima!” Le dije a mi asistente. Y no puedo creer que que yo pudiera caminar desde el coche a la tienda. Pensé que me congelaría en ese clima. Antes imaginaba, ¡40 bajo cero, es increíble vivir allí! (Sí.) Y no puedes ir de compras. ¡ni ir a la peluquería!

 

Así que dije, “Oh, ese hombre, debe sufrir mucho si no tiene guantes ni medias”. Tenía que ir. Si no iba, yo sufriría, mentalmente. (Sí, Maestra.) Imaginen cuánto sufrimiento él tiene que padecer. Yo sufriría más imaginándolo y no haciendo nada. Por lo tanto fui. Y así es como sucedió. Afortunadamente, volvimos a tiempo, le pagué el dinero a la señora, le di a ella un cuarto en un hotel así pudo descansar hasta la mañana. Entonces ella podría manejar. Dije, “Es mejor que duerma. No regrese ahora. Es mejor que duerma hasta que el clima mejore, y sea seguro, conduzca entonces”. Ella dijo, “Vale, de acuerdo”. Entonces le reservamos en un hotel, pagamos por el cuarto y la dejamos ahí. Después nos despedimos. Alguien vino y nos llevó. Por lo menos pudimos tener contacto telefónico.

 

Pensé que les había contado toda esta historia ya, pero no estoy segura. ¿Algo más que quieras saber? ( Maestra, fue muy conmovedor que viajara hasta Halifax solo por una persona, y en un clima tan peligroso, ) Sí, no importa. ( y es como en el artículo. Citan al gerente de la tienda, ) Sí. ( que estaba mirando a la Maestra llenar los carritos y él dijo, “Es increíble. Nunca he visto nada como esto, nunca, y hace cinco años que estoy aquí. Incluso en nuestras cuentas comerciales, nada como esto”. Así que incluso los negocios que hacen beneficencia, no eran comparables con lo que la Maestra estaba haciendo. Francamente es notable. ) Esa no era una tienda de caridad. Estamos hablando de tiendas diferentes. La iglesia en St. John es el Ejército de Salvación, (Sí.) ellos tienen una tienda de caridad. Y donde yo compré, es una tienda de ropa de primera clase. (Sí, sí.) Y también doné porque originalmente solo queríamos dar las ropas e irnos, pero el oficial del Ejército de Salvación me habló del terreno que había al lado. Que si él pudiera comprarlo, sería bueno para algo. Tal vez él podría tener un albergue para gente sin hogar o algo así, no recuerdo. Así que le di dinero para comprar el terreno. Era muy barato. Me sorprendió. Quizá porque su organización es de beneficencia, probablemente le dieron un precio más barato. Y luego había otra, una organización diferente, y también les di en efectivo porque no puedo retirar mucho más dinero. Lo que pude retirar ese día, se lo di a ellos o más, más de lo que pude retirar. Creo que podía sacar solo 20.000 dólares canadienses por día.

 

Nunca necesité tanto, así que nunca pedí más. Y es una suerte que tuviera una tarjeta de crédito; antes nunca tenía. Estuve en EE UU sin nada. Y mi dinero – mi discípula tenía una gran cuenta bancaria allá. Y cuando dije que quería unirme a la cuenta, ellos dijeron, “Usted quiere llevarse el dinero de ella, ¿no es así? Por eso quiere unirse”. (Oh.) Entonces no me dejaron. No me permitieron tener una cuenta conjunta con ella. Era mi dinero y ella lo trajo desde Taiwán (Formosa) para mí tiempo atrás. Todos los discípulos tienen dinero. Ellos controlan mi negocio. Son el gerente tal y tal. Yo apenas tenía nada, antes. Ahora tengo un poco, solo para que pueda mostrarle al mundo que no estoy aquí o allá para comer su comida. Soy capaz de cuidarme. A veces por aufenthalt, residencia. Por burocracia, por papeleo. De lo contrario, no veo que entre dinero. Por supuesto, pero no me falta nada. Si necesito, claro que puedo pedir. Pero casi nunca necesito nada. No me gusta pedir. Cualquier dependencia va en contra de mi naturaleza, en contra de mi religión. Eso dicen. Si pido y no tengo, entonces no pido más. (Sí, Maestra.) O si no es hecho automáticamente, entonces no pido. (Vale.) No necesito mucho. Todo lo que ven, mi ropa y las cosas bellas y todo eso, solo lo uso para el trabajo. Es como un uniforme. Un uniforme especial. El resto, no necesito mucho. Puedo usar ropas baratas, sencillas y cómodas. (Sí, Maestra.) Así que, realmente no necesito mucho.

 

Incluso cuando no era una Maestra, pasé hambre durante tres días en París, estando sin trabajo. (Oh, Señor.) Sin empleo, buscando empleo. Aun así no le dije a la gente que no tenía dinero, a la gente que me albergó para trabajar ahí. Y cuando renuncié por una razón sentimental, ellos me preguntaron si quería dinero. Dije, “No, no, gracias. Está bien”. (Oh.) No quise que ellos malentendieran. Estaba enamorada del hombre de la casa en ese tiempo. (Oh.) Ya les conté esa historia. (Sí, Maestra.) Porque su esposa era muy poco gentil con él. (Oh.) Él era médico; estaba ocupado e iba a casa y tenía que hacer esto y lo otro para los niños. Y ella podía hacerlo. Pero no es que ella se lo dijera amablemente. Ella decía, “Oye, ¡haz esto! ¡Haz aquello!” Como ordenando. Así que sentía pena por él y luego lentamente eso se transformó como en un romance pero yo no lo sabía. Pero pude controlarlo hasta que él rompió con ella y entonces tuve que correr. (Sí, Maestra.) Porque ahora sabía que él también tenía sentimientos por mí y entonces no pude quedarme. Sería peligroso. Si era yo sola, entonces podía controlarme, pero yo era joven. Así que dije que debía irme. Porque renuncié inmediatamente. No tenía donde quedarme y tampoco tenía dinero, (Oh.) porque era una estudiante. Solo tenía unos dólares para tomar el bus, pero no lo suficiente para comprar pan. Si compraba pan, no tendría dinero para ir a ninguna parte a buscar trabajo. Así que, por tres días, no tuve nada. Y estaba caminando en el parque, aún buscando trabajo, y un hombre vino y me ofreció 800 francos, el dinero francés de ese entonces. No sé cuánto es en dólares, tal vez la mitad. (Oh, guau.) Ochocientos para ir con él. Así que dije, “Si no se va, llamaré a la policía”. (Oh guau.) Entonces lo miré muy seria, y él se fue. Al menos fue decente. (Sí, Maestra.) Muy decente. Incluso cuando era más joven aún. En Âu Lạc (Vietnam), fui a una región y no tenía mucho dinero - ya saben, era estudiante - y el dueño de una casa era amigo de un amigo y me dejó quedarme. Y ellos preparaban comida y la dejaban para mí. Yo no sabía si la dejaban para mí o no, porque ellos se iban antes de que yo saliera de la habitación. No me atreví a comerla. Así que salía y solo comía pan. y bebía agua. (Oh, Dios.) Por tanto, pedir algo para mí es muy… No me siento cómoda. (Sí, Maestra.)

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